Tenemos que comprender de
una vez por todas que: Los
animales no están aquí
para saltar aros, detener
pelotas o montar en bicicleta,
ese no es su propósito
en nuestro planeta, es sólo
una muestra más de
nuestro egoísmo al
querer someterlos a nuestros
deseos sólo para nuestro
entretenimiento.
Lo
mismo pasa cuando les cortamos
las colas o las orejas a
los perros, sí un
perro pudiera contestar,
seguro diría que
le deje sus orejas y cola,
que le gustan y que con
ellos es feliz. Si no les
sirvieran de nada, nacerían
sin ellas, pues ya habrían
desaparecido a lo largo
de la evolución;
los movimientos de la cola
de un perro son una forma
de comunicación de
estos animales como cuando
cortejan a una hembra o
cuando amenazan a otro perro.
El decir que a tal raza
se tiene que contar la cola
o las orejas es sólo
otra falsa idea, otra creencia
errada más, producto
de nuestro ego.
Está
comprobado que un delfín,
vive en promedio de 25 a
30 años, en cautiverio
sólo vive 4 a 8 años.
Un elefante libre vive 70
años, en cautiverio
vive sólo de 14 a
15 años. Con los
perros y gatos pasa exactamente
lo contrario, un perro en
estado salvaje vive sólo
un promedio de 8 años,
los perros domésticos
viven aproximadamente 15
años, con los gatos
pasa algo muy similar. ¿Qué
nos está diciendo
esto? Pues, simplemente,
que hay animales que fueron
creados para acompañarnos
y otros que deben vivir
en libertad.
Es mucho más bello
oír el canto de unos
pájaros libres que
lleguen a tu casa a comer,
que verlos dentro de una
jaula, hay otras opciones
para disfrutarlos, puedes
dejarles alimento diariamente
o ponerles una pequeña
casa de madera en el árbol
de enfrente o de tu jardín,
con paja y alimento, esa
es una forma armoniosa de
convivir con ellos.
En
la naturaleza, la lucha por
la supervivencia es fundamental
para sobrevivir, pero todo
está sometido a un
perfecto equilibrio. La alteración
de este equilibrio por el
hombre hace que los frágiles
ecosistemas se desmoronen.
El conjunto
de los seres vivos que pueblan
la tierra no viven aislados,
sino que están sujetos
a una compleja red de relaciones
que aseguran su supervivencia
y desarrollo.
El
hombre necesita de los recursos
que le ofrece la naturaleza
tanto como cualquier otro
ser vivo, por consiguiente
debe protegerla y amarla
para asegurar su continuidad
y equilibrio.
El
conocimiento y el respeto
por los frágiles
ecosistemas son vitales
para el bienestar del planeta,
los pueblos aborígenes
del mundo han desarrollado
a lo largo de muchos siglos
un juicioso equilibrio entre
sus necesidades y la protección
de la naturaleza. Preservar
la naturaleza es en definitiva
preservar la belleza. Proteger
cada planta, cada insecto,
cada ser vivo es dar un
sentido único a nuestra
vida. Por eso desde estas
páginas se quiere
hacer una llamada a la sensatez
y a la ética, si
con ello se consigue transmitir
estos sentimientos se dará
por satisfecha la labor.
Si con cada persona
que lea esto se adquiriera
un compromiso de defensa
de la naturaleza y del medio
ambiente, todo este esfuerzo
habrá valido la pena.
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